Crónicas Barcianas

Episodio VII

Por: Rey Bar–Burí

Daño nuevo, vida nueva


“…está bien que el gol de Zlatan haya sido elegido el mejor… ¡Es un golazo…!. Eso ni vuelta que darle…”, justificó F. el resultado. “¿Cómo que ni vuelta que darle?. Si Zlatan no se hubiese dado vuelta, no hacía la chalaca”, le “dí la vuelta” a su argumentación. “Ah… buena acotación… salud por eso: seco y volteado… a darle vuelta a los chopps”, dijo F. sin querer “quedarse”. “¡Luchopp un chopp… pero me traes mi vuelto…!”, agregó “devolviéndomela” una vez más por si acaso. Y “de vuelta” caíamos en estas conversaciones que hubiesen hecho a Jerry Seinfeld enviarnos al paredón. “No pues… en serio… el gol del sueco es el mejor del año pero ¿Cómo es eso que ´el gol de chilena de Zlatan´?!! ¿De ´chilena´?!... ¡Se dice ´chalaca´… gol de ´chalaca´!”, vociferó F. enrojecido por la cólera. “No te hagas paltas… es una simple palabra… si no lo entiendes estás en naranjas… aprende como yo: fresco como una lechuga”, lo calmé para molestarlo más. “Es que tú eres bien zanahoria pues… ¿Por qué ´chilena´ si he leído que fue en el Callao que los ´chalacos´ inventaron esa jugada?”, retrucó F. “Bueno, bueno…. así es el fútbol… las palabras cambian de acuerdo a los lugares… igual, a la ´huacha´ en otros países la llaman ´caño´…”, argumenté lingüísticamente. “Eso de no llamarle ´huacha´ es otra ´huachafada´… ´caño´… ¡Coño…!”, maldijo mi compañero de mesa. “Aunque te piques F., a nuestra ´huacha´ otros la llaman ´caño´, así que el ´daño´ ya está hecho, y punto”, finalicé. De pronto, como si mis últimas palabras hubiesen sido una  invocación, el lubar se iluminó de porrazo. El llamativo ente que apareció jadeante hizo que el otrora vistoso dorado de la rubia que reposaba en mi vaso disminuyera cromáticamente, mínimo, a niveles de frente y pómulos michaeljacksonianos. ¿Qué era eso que irrumpía frenético en nuestro santo recinto de “sed”lebración…?!!. “¿Es un emplumado pato gordo candidato a chifa en Capón?”, exclamé estupefacto mirando fijamente la figura que se acercaba. “¿Es la masa esponjosa y desabrida de un panetón sin frutas?”, me respondió F. con otra pregunta antes de secar su chopp. Si descartábamos que la cosa en cuestión fuese la chillona yema de un huevo de pterodáctilo salida de su cascarón, pues en esta pregunta de respuestas múltiples solo quedaba una opción. ¿Qué más podía ser eso vestido con polo y pantalón amarillo pasadas ya dos semanas el año Nuevo?. “¡Hola muchachos… Feliz Año…”!, nos dijo el amarillento S. a F. y a mí, mientras nos abrazaba emocionadísimo con sus blancuzcos  brazos sin, ¿felizmente?, mangas (extremidades superiores productos directos del bloqueador factor 100 con el que nuestro hipocondríaco amigo trataba de protegerse de la radiación solar… aún de noche). “¡Luchopp un chopp…”, pidió ni bien se sentó. Obviamente, ni F. ni yo íbamos a dejar tomar solo a nuestro huachafo amigo, así que, raudos, nos convertimos en solidario eco en stereo. “¡Luchopp un chopp…”, resonó a izquierda y derecha del  lubar. “Y bien ¿No me preguntan por qué estoy vestido así?”. “¿Así?”, le respondió F. con otra pregunta. “¡De amarillo pues…!”, contestó el ingenuo S. sin siquiera intuir lo cachoza de la preguntarespuesta. “No sé… asumí que conseguiste chamba de verano como resaltador gigante”, dije secamente (Y no se me puede culpar mi sequedad: Habían pasado 9 segundos y Luchopp no llegaba con su refrescante bandeja). “¡Nada que ver… sigo sin chamba… pero conocí a una chica en la Fiesta de Año Nuevo del club de mi viejo…!”. “Disculpen… ¿El Piolín sin faja es mayor de edad?”, interrumpió Luchopp dejando sus salvadoras bebidas en la mesa y revolcándose de risa mientras regresaba a su barra.  “¡Pucha… felizmente que llamaron a Luchopp esos clientes… justo he dejado mi DNI en otro pantalón!”, dijo el cándido de S. “Bueno… salud S…. por el primer trago del año”, dije tramposamente para desviar lo que sabía venía. “¡Pero no me preguntan ´¿Y cómo pasó?´… ´¿Y cómo es ella?´…!”, reclamó en el acto él. “La verdad S., estábamos discutiendo un punto mucho más trascendental para la humanidad que el tema de tus flacas imaginarias”, le dijo F. “¿A ver qué cosa?”, preguntó en seguida nuestro amarillo amigo. “El gol de Zlatan”, le contestó F. “Ah… el gol de chilena”, respondió S. al toque, motivando que los reflejos de F. derramaran su chopp sobre las dos terceras partes del ingenuo y cursi submarino amarillo que tenía enfrente. “¡No… que has hecho F…. tengo que lavar esa espuma asquerosa… ella no me puede ver así!… ¡Luchopp préstame tu baño…!”, dijo corriendo S. hacia al fondo-a la derecha”. “Pero no te vayas a echar seguro que de ahí no se puede abrir… el picaporte está malogrado. Le falta una huacha”, respondió Luchopp sin que, por supuesto, S. lo llegara a oír. “Y el caño está malogrado. Si lo abres sale un chorro que te baña”, agregó con risa cuasisádica. Lástima para S. El daño estaba hecho. Y… al final sí fue ´caño´. “Feliz baño nuevo, S.”, grité desganadamente antes de dar un largo sorbo. Impávido, F. agregó: “Y nunca nos dijo por qué estaba vestido así”.
EPÍLOGO: Semanas después sin ver a S. en el lubar, nos enteramos de que estaba en cama enfermo. Tenía hepatitis.