Deportista adolescente derechazo imbatible

Publicado por Carlos Fuller

febrero 10, 2023

Llegó al frontón buscando una manera de mejorar su concentración y se encontró con un deporte que ha sacado sus mejores cualidades. La campeona nacional absoluta de la categoría individual Sub-14 dice que no le gusta mucho competir, aunque los resultados le sonríen.
Este es un perfil de una de las deportistas con mayor proyección del Country Club de Villa.

El primer set fue el más duro. Punto para Mikela Sevilla del Jockey Club. Punto para Ana Lucía Rivera del Country Club de Villa. Se
adelantaba una, y, de inmediato, la otra la alcanzaba y la superaba. Tan parejo era el encuentro que, al empatar por doce puntos, hubo que pedir un tiempo extra. Incluso la representante del Jockey llegó a ponerse 14 a 13, pero Ana Lucía logró voltear el encuentro
con un derechazo que lanzó la pelota bajo, muy cerca de la lata. Inalcanzable. Resultado parcial: 16 a 14 para Villa. En el segundo set, la historia fue distinta: ella nunca dejó de estar por encima. Derechazo en diagonal desde un extremo de la cancha para
el 7 a 4. Derechazo violento al centro de la pared para el 10 a 6. Un último derechazo para bombear la pelota alta y forzar una mala respuesta de su rival.
Resultado final: 15 a 7. Así se convertía en ganadora de Individual Damas Sub-14 del Torneo de Maestros 2022 y, más adelante, en campeona absoluta de la categoría.

Pocos minutos después del encuentro, luego de abrazar a su familia y a sus entrenadores, Ana Lucía estaba parada frente a una cámara. Un comentarista deportivo le decía que su derechazo es una de sus armas más potentes y que, cuando pega bien, es difícil que sus rivales la contengan. Ella, con mucha seguridad, le explicó que ese es su lado más fuerte, que siempre trata de acomodarse desde esa posición porque puede definir mejor.
Algunos meses después, en la sala de su casa, Ana Lucía Rivera recuerda esa entrevista que le hicieron al ras del campo, y dice: “Ufff”, se sonroja y añade que a ella no le gusta mucho competir, justamente porque no le gusta que la vean. “El juego ya sé cómo es. Lo que me pone nerviosa es jugarlo frente a muchas personas, que me graben y que comenten detrás de mí”, dice y sonríe. Carolina Alegre, su madre, cuenta que hay momentos
en que se pone inquieta. Desde el año pasado, trabajan con Yorman Díaz, un preparador físico que también la apoya en lo psicológico: “Ha cumplido un rol muy importante en la seguridad que tiene Ana Lucía en los partidos. Antes, ella no quería que se celebraran los puntos o se contenía mucho. Ahora ya los disfruta; reconoce que son fruto de su esfuerzo”. Yorman Díaz es un profesor de educación física venezolano. Lleva más de cinco años en el Perú y, durante este tiempo, se ha enamorado del frontón. La mañana de nuestra entrevista, Ana Lucía lo llamó por teléfono mientras ella se dirigía a su entrenamiento de pelota vasca —deporte en el que también está incursionando— en el Complejo Deportivo Andrés Avelino Cáceres, de Villa María del Triunfo. “Me cuenta, por ejemplo, si se encuentra molesta y por qué se siente así. Ella ha entendido que las cosas que le digo le van a servir para la vida cotidiana, para su colegio, para sus nuevas amistades”, comenta el preparador físico. En la final del Torneo de Maestros, él pidió un descanso durante el primer set, pero, en el segundo, solo la dejó jugar, pues se dio cuenta de que entró con otra actitud. “Con el pasar del tiempo, ella ha ido comprendiendo la importancia de trabajar la mente, de estar tranquila, de no sentirse menos que el rival. 
Hay muchas cosas que tiene que ir madurando”.

Fotografía: Sanyin Wu

A inicios de 2022, Ana Lucía ganó el Primer Abierto Nacional del año. Con su triunfo en el Torneo de Maestros, se convirtió en la campeona absoluta de su categoría, Sub 14. Claudia Suárez, su entrenadora, ya la está preparando para los desafíos que traerá su ingreso a la siguiente categoría, Sub 16.

DONDE NACEN LAS PASIONES
Carolina Alegre me cuenta que el primer acercamiento de su hija con la paleta frontón se dio porque fue diagnosticada con déficit de atención: “Nos recomendaron el deporte porque podía ayudarla a trabajar la disciplina y la concentración”. En ese momento, ellas vivían en Las Brisas de Villa, así que Ana Lucía salía del Colegio Saint George, donde estudia hasta ahora, y se iba caminando al Club. Claudia Suárez, la ganadora de la medalla de oro en los Juegos Panamericanos Lima 2019, es la entrenadora de Ana Lucía y aún recuerda los primeros días de su alumna: “Empezó a entrenar conmigo en las academias del Club cuando tenía ocho años. Era algo inconstante: aparecía y desaparecía. Pero, antes de que llegara la pandemia, agarró
fuerza y le comenzó a gustar más entrenar”. El Club se mantuvo cerrado durante la primera etapa de la pandemia. Más adelante, se permitió el ingreso de ciertos grupos etarios, pero Ana Lucía no calzaba en ninguno por ser menor de edad. La solución la encontraron a la vuelta de la esquina:  una cancha de frontón que se yergue a espaldas de la alameda El Espinel, en Las Brisas. Suárez cuenta que, durante la cuarentena, ella tenía pase vehicular y solía ir tres veces por semana a entrenar con Ana Lucía en ese lugar. Hay una fotografía que lo registra: se ve a la profesora con paleta en mano, esperando la respuesta de su pupila —quien prepara un
derechazo—, en una cancha rodeada de pasto y sin nadie más presente. “Encontrar esa cancha fue muy importante para mí”, cuenta Ana Lucía. “Yo veía a mis amigos a diario y, de pronto, tuvimos que estar separados por mucho tiempo. El poder ir al frontón a distraerme me ayudó a socializar en medio de la pandemia. Claudia se convirtió en una amiga”. La entrenadora tiene una mirada similar sobre la relación
que mantienen: “Ni su mamá juega frontón ni mi hijo quiere jugar conmigo. Es como si fuera mi hija.
Le tengo mucha confianza y siempre está a mi lado. Solemos jugar juntas en los campeonatos de dobles de mayores y menores, y la mayoría son torneos de padres e hijos”. 
Suárez tiene pensado que ambas participen en dobles en el Torneo Metropolitano de Paleta Frontón, que se realizará el próximo abril en el club. Ana Lucía aún tiene dudas: “Yo todavía lo estoy pensando porque sería jugar contra gente mucho mayor

 que yo. Ya lo he hecho, pero igual me intimida un poco”. Al respecto, la entrenadora comenta que necesita prepararla para lo que se viene: “Que ella haya salido campeona Sub-14 es, para mí, un orgullo en mi faceta de entrenadora. Pero, con el paso de categoría, tengo que empezar a meter más intensidad porque se vienen partidos más difíciles, contra chicas más grandes. Su derecha es lo mejor que tiene; pega muy fuerte. Sin embargo, aún estoy zapateando con su izquierda; tenemos trabajo por hacer en ese lado”.
LA AMISTAD ES UN REFUGIO
Esta mañana de febrero, Ana Lucía parece haberse olvidado de ese nerviosismo sobre el que me contó en nuestra primera entrevista. Está terminando la sesión de fotos para la primera edición de la revista REFUGIO y mira a la cámara con decisión, raqueta en mano, en la cancha del Club que lleva el nombre de su entrenadora. La rodean unas ocho personas entre fotógrafos, productores y maquilladores.
Antes de terminar, la joven deportista se me acerca muy preocupada porque hay un grupo de gente a la que no quiere dejar de agradecer. Me habla de su
abuela Ana María, quien la ha llevado al club desde muy chica, y siempre está pendiente de la raqueta que usa y la ropa que lleva al entrenamiento. Me habla
del señor Gunter, el hombre que entrega pelotas en la garita del Club y que la entrenó durante una temporada. 
Luego me da una lista de todas sus amigas y me dice que no puedo dejar de mencionar a dos de ellas. Su amiga Zaleth la ha acompañado a muchos entrenamientos y es a quien llama cuando está nerviosa porque ella también es deportista (practica equitación) y la entiende. Por su parte, su amiga María José la apoyó mucho al inicio del Torneo de Maestros. Justo antes del primer partido, le dio una carta que debía leer cuando estuviera en el carro, camino al encuentro,
cuando se sintiera más nerviosa. “Se mandó con un párrafo entero hablando sobre mí”, recuerda, emocionada. Le pregunto si puede compartir algo de lo escrito en ese texto.
Entonces Ana Lucía Rivera, la deportista adolescente, la dueña de un derechazo imbatible en los duelos de paleta frontón, empieza a enumerar una serie de razones,
como si las recitara: “Me dijo que ella sabía que lo iba a lograr. Me dijo que no debía dejar que los miedos me vencieran. Me dijo que yo iba a poder con todo. Me dijo que soy una persona increíble. Me dijo que soy la más valiente”.

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