Un grupo de futbolistas, la vocación adolescente y un deporte que mueve pasiones

En el Country Club de Villa, hay cerca de 160 asociados que juegan al fútbol con disciplina, competencia y emoción. Conversamos con seis de ellos, de tres categorías distintas, para conocer sus motivaciones, sus desafíos y sobre cómo cultivan esa camaradería de goles más allá de las canchas.

Juan Carlos Ferreyros y Ramiro Zúñiga

Juan Carlos Ferreyros

«Ahora tenemos 4 categorías, casi 160 socios involucrados en el fútbol…»

Ramiro Zúñiga

«Somos la categoría que, a la hora de los partidos, tiene más gente…»

David Ballón

«Todos me dicen Muni porque jugue en el Deportivo Municipal…»

Enzo Vaccaro

«Aprendo cada día de las personas que tienen mucha experiencia…»

Creo que la decisión de haberme dedicado a vacilarme con el fútbol me ha dado muchos amigos, muchas alegrías…

Miguel Angulo

52 años | Lateral derecho |Categoría 40

Estoy con el equipo desde el año 2011, justo cuando cumplí cuarenta. Recuerdo que el primer partido que jugué fue justo un día antes de mi cumpleaños.

He dedicado gran parte de mi carrera profesional al marketing para loterías y apuestas deportivas. De hecho, empecé a trabajar en la Tinka en 1996 y me quedé durante veinte años. Incluso lanzamos el primer negocio de apuestas deportivas: se llamaba Te Apuesto. Ahora trabajo en Playzon Bet, que tiene de embajadores a Claudio Pizarro y Juan Manuel Vargas. Si me preguntas cuál ha sido la gran apuesta de mi vida, diría que fue este deporte y estoy contento porque, de alguna manera, sigo relacionado con el fútbol.

Siempre he pensado que el fútbol me ha dado cosas maravillosas. Creo que la decisión de haberme dedicado a vacilarme con el fútbol me ha dado muchos amigos, muchas alegrías, toneladas de fraternidad que hay acá en Villa. Me sacaron el menisco de la pierna izquierda, pero es increíble lo que uno hace por seguir jugando, ¿no?

Siempre valoré mucho el apoyo de mi padre. En 1992, tuve la suerte de llegar a la reserva de la U. Estuve ocho meses con ellos y recuerdo que me empecé a retrasar en la universidad y mi papá me decía: “es lo que te gusta, toda la vida has querido hacer esto”. Yo tenía más de treinta años y él seguía yendo a verme jugar. Como padres de familia creo que debemos dejar que nuestros hijos hagan lo que les apasiona, ¿no? 

Encontramos a los seis futbolistas una tarde antes del entrenamiento y esto fue lo que pasó.

Cuando tenía 18 años, jugaba en el Deportivo Zúñiga. Cuando ascendimos a Segunda División, yo había entrado a la universidad Ricardo Palma. Empecé a llevar pocos cursos para dedicarme más al fútbol hasta que mi padre intervino. Entonces tuve que terminar la universidad para recién volver al fútbol.

Viví en Miraflores durante toda mi vida, pero mi esposa es de Villa. A los 31 años, cuando ingreso al Club, me junté con uno de los primeros grupos que se reunían a pichanguear en esta misma cancha.

En el 2004, cuando mi hijo entra a prekínder, formamos otro grupo con algunos padres de familia y empezamos a participar en algunos torneos con éxito. Habíamos hecho nuestros pininos con Titín Drago y nuestro primer entrenador fue Víctor «Chino» Rivera.

En el Perú, desde hace cuarenta años, existe el torneo Interclubes, la más grande competencia a nivel amateur de todo el país. Son 150 clubes, en promedio, a nivel Lima divididos en 11 categorías. Como Country Club de Villa, participamos con la categoría 40 años en el 2007. Cuatro años después, salimos campeones por primera vez. Actualmente tenemos cuatro categorías y cerca de 160 socios involucrados en el fútbol.

En el equipo tuvimos a grandes figuras reconocidas en el fútbol a nivel internacional. Por ejemplo, los uruguayos Pablo Bengoechea y Óscar El Vasco Aguirregaray, que lo habían ganado todo con el Club Atlético Peñarol. Para nosotros, era como un sueño hecho realidad, ¿no? Pablo jugó tres años con nosotros y pude desarrollar una amistad con él más allá de las canchas.

Leonardo Cortínez y Miguel Angulo

Leonardo Cortínez

52 años | Volante central | Categoría 48

Nací en Bahía Blanca, a 700 kilómetros de Buenos Aires. Tengo 25 años en el Perú, desde que conocí a mi esposa, socia del Club de toda la vida. Desde que me enteré que el Club existía y que podía practicar mi deporte favorito, lo primero que hicimos fue mudarnos a La Encantada.

Cuando tenía siete años, vi el Mundial del 78 en una televisión a blanco y negro. Me acuerdo de todos los partidos, qué hice y qué no hice. A mi papá le gustaba el fútbol, pero la vida continuaba igual si ganaba o perdía su equipo. Si mi equipo pierde, me amargo toda la semana hasta el próximo domingo cuando le toca jugar.

En Argentina hay ciertas cosas que no se pueden separar de la idiosincrasia nacional y una de ellas es el fútbol. Creo que en Perú pasa algo similar. Diría que somos casi hermanos: en el sentimiento y en el sufrimiento.

Cuando cumplí 40 años dejé de hacer running y volví a jugar fútbol. Y hasta ahora, hasta que las piernas me den, voy a seguir jugando. Era el año 2005 cuando me fui metiendo a las pichangas gracias a un amigo que me pasó la voz. “Nos reunimos todos los martes de verano a las seis de la mañana”, me dijo. Así empezó todo. Hoy mis dos hijos mayores también juegan en la Categoría Libre.

Soy socio del Club desde el año 2005. Soy ingeniero industrial, egresado de la Universidad Católica, pero necesitaba un espacio donde pudiera jugar al fútbol. Antes me habían invitado a jugar un par de veces en esta cancha. Entonces fui convenciendo de a pocos a mi familia para mudarnos. Primero el Club, luego el colegio de mi hijo y al final, cambiar de casa.

Cuando vas avanzando en tu vida profesional, los horarios se hacen difíciles. Juntar once para jugar no es fácil. Cuando no puedes jugar fútbol, buscas un deporte alternativo y el Club me lo da. Por ejemplo, mis hijos aprendieron a nadar, a jugar tenis y a practicar el deporte que han querido acá mismo. Entonces eso te da una calidad de vida importante.

Nosotros somos la categoría que, a la hora de los partidos, jueguen o no, tiene más gente. Reunimos casi 26 personas por partido. No todos van a jugar ese día, pero demuestra un compromiso muy fuerte y eso es lo que hemos tratado de transferirles a los chicos de las categorías menores. El tema trasciende más allá del deporte en sí, es como un clan familiar.

En el año 2005, alguien llegó a destiempo y me partió la tibia y el peroné. Pero las pasiones pueden más y uno se recupera. Porque uno llega al traumatólogo que te dice “ya fuiste para el deporte”. Incluso he vuelto a mi peso de hace muchos años. Lo hago por salud y por deporte. Ya no es tanto por competir, sino por llegar.

«El tema trasciende más allá del deporte en sí, es como un clan familiar.»

David Ballón

41 años | Lateral izquierdo | Categoría 40

Aunque comencé jugando fútbol, también practicaba básquet e incluso casi terminé jugando por la selección peruana Sub-17 de básquet. Durante los dos últimos años de secundaria, incursioné en las divisiones de menores de algunos clubes locales. Cuando estuve en la universidad, hice todo lo posible para mantener ese equilibrio hasta que tuve que priorizar mi carrera.

Me dicen Muni porque jugué por el club Deportivo Municipal entre los años 1994 y 1995. Cuando empecé a jugar en el Club, hace un par de años, me anoté con los chibolos de la Categoría Libre. Entonces tenía que comer pescado todo el día para poder correr como ellos… porque no había otra porque el nivel es realmente competitivo. Hay deportistas de mi edad que se mantienen bien porque combinan el entrenamiento en cancha con el gimnasio y que, claro, tienen rodillas que los aguantan todavía.

Cuando piensan en contratar a un talento, los entrenadores internacionales buscan también a alguien que sea de su país, que hable su idioma, que coma su misma comida, porque eso lo hace sentir en casa. Y eso es tan importante como patear la pelota en la cancha. Acá en el Club pasa algo parecido. Cuando yo trato de armar el equipo, para la Categoría 40, siempre le digo a un jugador, que es crack, tráeme de dos amigos tuyos, que sean de tu edad, y así lo hacemos exponencial. Esa es la parte genial de tener amistad dentro del equipo.

Sentirse en casa es tan importante como patear la pelota en la cancha.

        David Ballón y Enzo Vaccaro

Enzo Vaccaro

21 años | Arquero | Categoría Libre

Curso la carrera de Derecho en la UPC y también practico este deporte desde los 13 años. Mis papás nunca fueron tan estrictos sobre exigirme si debo elegir una cosa y dedicarme solo a eso. Trato de organizarme bastante bien, a pesar de que a veces conseguir horarios flexibles en la universidad pueda ser una tarea difícil.

Creo que el fútbol es una disciplina. A pesar de que muchas veces tal vez no me encuentro con un estado emocional positivo, o con la moral baja, los resultados y las estadísticas nos han acompañado en el año. En el campeonato de apertura, cuando jugamos contra el Club Rinconada, fue partido súper apretado y reñido. Cuando el partido está a punto de terminar, íbamos ganando uno cero, el árbitro cobró un penal a favor de ellos. Y pude taparlo. Minutos después, ganamos el partido y fue una sensación increíble.

Soy uno de los más jóvenes del equipo. Aprendo mucho cada día, sobre todo de las personas que tienen mucha experiencia. Me incorporé recién en el año 2021, en plena pandemia, y creo que lo que más me ha forjado como persona han sido los valores. El respeto, la humildad y la perseverancia me han ayudado a crecer.

Antes, de repente, no controlaba mis emociones cuando disputábamos los partidos. Mis compañeros de equipo me hablaban y me explicaban las cosas, cómo debía comportarme en cada situación, sea buena o mala.

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