Roberto Carcelén y la medalla ganadora:
El respeto

Por: Mariano Naranjo Bustios
Periodista Deportivo
Director de TVPerú Deportes

“El dolor me vencía, pero quería darle un mensaje a la gente, crear una historia de superación para todos los peruanos. No crucé la meta solo, el Perú entero la cruzó conmigo"- Roberto Carcelén.


Si bien es cierto las Olimpiadas de Sochi tuvieron una mínima presencia peruana, tan solo 3 deportistas, bastaron la entrega y energía de Roberto Carcelén, participando con dos costillas rotas, para ganarse el respeto del mundo y dejar el nombre del país en alto.
No importa la posición en la cual llegó. Aquella imagen de Carcelén cruzando la meta con la bandera peruana en la mano fue la que dio la vuelta al mundo.
Días antes de la competencia, Carcelén había sufrido una lesión y el diagnóstico era claro y contundente: 2 costillas rotas lo alejaban de la posibilidad de competir en la prueba de esquí de fondo. Pero pese a su lesión, el esquiador peruano quería dar un mensaje ganador y de inspiración. Y pese a lo intenso del dolor, su meta era cruzar la final.
Esa fortaleza fue reconocida por los propios competidores quienes lo recibieron en la llegada. Dachhiri Sherpa de Nepal y el suizo Dario Cologna, quien obtuvo la medalla de oro lo abrazaron e incluso uno de ellos lo hizo tan fuerte que provocó dolor en Carcelén. “Le dije, cuidado con mis costillas, pero no me entendió”, señaló risueñamente Carcelén.
“El dolor me vencía, pero quería darle un mensaje a la gente, crear una historia de superación para todos los peruanos. No crucé la meta solo, el Perú entero la cruzó conmigo", me contaba Roberto ya en nuestro país.
La misión, ahora, de Carcelén es que su mensaje inspirador no se pierda. “Voy al Perú, voy a agradecer personalmente y a empezar a trabajar desde ya. Es por eso que mientras más personas se sientan inspiradas por mis logros, más posibilidades de superación pueden tener y que a pesar de las dificultades (de cualquier tipo) nunca se den por vencido”, señaló en su blog.

Roberto dio un ejemplo claro del Olimpisimo, jamás se rindió. Ni el frío ni las costillas fueron un escollo. Nadie se acuerda en qué puesto llegó, solo nos queda en la retina aquél momento en el que cruza la meta. El “sí se puede” llegó hasta Sochi y es una demostración de que cuando uno quiere hacer las cosas que se propone, no hay obstáculo que lo impida.
Ojalá las futuras generaciones entiendan que el deporte es un vehículo para crear historias inspiradoras y de superación.
Esta vez, Carcelén no subió al podio a llevase una medalla de oro, plata o bronce, pero si ganó una muy particular: El respeto.