Crónicas Barcianas

Episodio IX

Por: Rey Bar–Burí

Agua que no has de vivir...


 “¡Luchopp… este chopp está calienteee…!”, gritó F. en un intento más por llamar la atención del dueño del lubar, pero, estúpidamente, apuntando a mis oídos. “Una pregunta”, le dije al chillón en cuestión. “¿Si Luchopp está a tu izquierda por qué gritas a tu derecha… que es donde están mis orejas, imbécil…!”, le solté aproximándome a su tímpano tanto como me lo permitía el pabellón de su órgano auricular más próximo a mi garganta. “Es que soy zurdo pues”, justificó su estupidez mi compañero de mesa y siguió bombardeando con sus gruñidos el lado equivocado del sagrado recinto. “¡Luchopp… este chopp está calienteee…!”, continuaba vociferando. En salvaguarda de mi más que útil audición, no me quedó otra que levantarme para ir a buscar yo mismo a Luchopp. “¿Qué pasa Luchopp… este chopp está calienteee…!”, dijo por décima vez el quejón al tenerlo frente suyo. “¿Caliente? A ver para tocarlo…”, respondió calmadamente Luchopp. “Nada que ver compar´e… ´tas loco”, concluyó el barman-cobrador-cajero-d.j. del lubar luego de posar fugazmente sus manos sobre el vaso. “¿Cómo que estoy loco… Esto está caliente…!”, dijo F. luego de tocar otra vez su chopp. “¿Caliente? ¿Acaso te quema la mano cuando lo tocas?”, preguntó Luchopp. “¿Me quema la mano?... ¡No pues huevas… no quema pero no está helado!”, respondió F. “Ahora sí pues… exprésate con corrección… ¿Ya ves cómo así qué bien nos entendemos?... Cualquier cosa me llamas, ah…”, dijo el moscasa de Luchopp disponiendose a largarse. “¡No te la quieras dar de pendejo Luchopp que la cara no te ayuda…! ¿Acaso no tienes chopp… helado como debe ser?!!”, protestó mi broder. “Mira… F…. lo que pasa es que tengo un problema con la conección… y no está enfriando mucho que digamos… es que con esto del ahorro de energía… pero igual, no hace tanto calor ah… brrr… hasta un poco de frío está haciendo… así está mejor la chela… para que no te vayas a fregar la garganta, causa”, palabreó el recontra mosca. “Hubieras empezado por ahí pues Luchopp… tu chopp está malogrado entonces… yo pensé que ´la señorita´ se quejaba por las haches… tráenos un par de chelas en botella entonces…”, intervine recién en la conversación-reclamo-estafa. “¡Ya… eso mejor… un par de botellas pero heladazas… al polo…!”, complementó F. “¡Pero al toque que hace sed…”, agregó. “♫ … sed sed… por qué no puedo ser del jet sed… ”, retumbó un Sedrati imaginario en mi cerebro producto, de hecho, de mi garganta seca postchopp caliente. Lo que siguió allí era inevitable: F. y yo empezamos a saliBAR (¿Qué raro, no?). Y nuestro suplicio duró hasta que Luchopp se apareció por fin con las dos botellas de chelas total y completamente… calientes. “¡Pero estas chelas no están heladas…!”, reclamé cuidándome de emplear la palabra “caliente” que diera pie a que Luchopp me soltara su rollo marthahildebrantiano anterior. “¡No te pases pues… te pedimos dos chelas bien al polo!”, piteó también F. “Es que… la congeladora la tengo desconectada pues muchachos… hay que ahorrar  energía… hay que ayudar al planeta pues…”, se justificó el barman-cobrador etcétera del lubar. “Ah o sea que ya entiendo lo del ´derretimiento de los polos´”, afirmé cachosamente sosteniendo las dos supuestamente ´al polo´”. “¿No ves? Tú sí tienes conciencia ecológica”, me dijo Luchopp sobonamente poniéndome una mano sobre el hombro. “Conciencia alcohológica más bien”, repliqué en tono asado. “¡No pues… qué tal conciencia… por no decir qué tal concha!… ¿Cómo piensas que vamos a tomar estas cervezas?!!”, gritó recontra empinchado F. “Con esto pues”, dijo Luchopp colocando un par de vasos en la mesa. Justo cuando F. y yo nos mirábamos para telepáticamente decidir quién descuartizaba primero a nuestro exmejor barman, se aparecieron en la mesa Q. y S. en ropa deportiva y todavía sudorosos después de haberse jugado una pichanga. “¡Luchopp… agua helada por favor!”, pidió desfalleciente S. “A mí también me traes lo mismo… o sea un cuba libre… ja ja ja… traferazo”, cochineó Q. “Pucha… seguimos con lo del ´derretimiento de los polos´”, dije alejándome de las camisetas sudorosas de los recién llegados. “Sí pues… qué bueno que vuelvas al tema del ahorro de energía… y del problema del Calentamiento global que…”, empezaba a meter letra Luchopp cuando fue interrumpido en one por F. “¡Calentamiento es lo que estás produciendo en mí Luchopp… y si no me traes una chela heladaza todo tú vas a ser un global espacio para mis combos…!”, gritó más alterado todavía F. “¡Y a mí me traes el agua helada… por favor…!”, suplicó S. “¿Qué esperas para traerme mi cuba libre?”, le advirtió Q. “Este… me van a disculpar pero… no tengo agua… ni hielo… ya no me queda nada… ni a mí ni a nadie… en el mundo ya no queda nada… nada de nada… ¡Y ustedes son los responsables de la destrucción del planeta…!”, gritó Luchopp quien ya no era Luchopp sino que tenía la acusadora cara de Al Gore. ¿Qué estaba pasando?.  Recién en ese momento mirando a mi alrededor caí en cuenta de que no había luz. Y forzando mi vista caí en cuenta de que a mis amigos ya no estaban. Y luchando por salir de ahí caí… del mueble… y ahí nomás caí en cuenta de que me había quedado dormido frente al televisor. Y me prometí no volver a ver “Una verdad incómoda” antes de acostarme. “Queda terminantemente prohibido Al Gore a partir de las 10 de la noche”, me autoimpuse. “Un vaso de agua helada y a la cama”, dije dirigiéndome a la refrigeradora de la cocina. Pero me cercioré antes, obviamente, de apagar todas las luces de la habitación. Y me fui a descansar; de los problemas del planeta. Claro pues, había que reponer energías.