Crónicas Barcianas

Episodio X

Por: Rey Bar–Burí

El trabajo DOGnifica al hambre


¡Salud!. Clink. ¡Salud!. Clink. ¡Salud!. Clink. “¡Por el Día del traBarjo… todos a Sedlebrar… que el trabajo dignifica al hombre…!”,  se desgañitaba de mesa en mesa Q., empeñoso trabajador de la industria “mante-facturera”. Clink. “¡El trabajo dignifica al hombre…!”. Para cuando el susodicho “superman sin capa” completó su recorrido “mezántropo” y retornó a nuestra mesa, ya no le quedaba ni una gota de su trago utópico. Pero si bien su vaso ya no tenía cuba libre, su celular había acumulado mínimo docena y media de números de féminas distribuidas a lo largo y ancho del lubar (para eso sí tenía memoria Man Ganzón). “¡Luchopp un chopp…!”, pedí aprovechando que sequé mi quinto chopp de la noche. “¡Y a mí otro cuba libre…!”, gritó Q. “Qué falla que es Ollanta… no decretó feriado también el 2… pucha siendo viernes era la voz para hacer puente…”, se lamentó el “vagón sin tren” de mi amigo.  “Como vives en Lima, hubieras hablado con Susana pues… de acuerdo a su ´vagoriosa´ trayectoria de hecho apoyaba tu pedido en la capital”, le dije. “¿Susana? ¿Villarán…?”, me preguntó. “No. Baca”, dije al tabaza ironizando ante su estúpida pregunta. “Ah… por lo de las ´vacas´…”, me lanzó su estúpida respuesta. “¡Qué bueno que los encuentro, muchachos… justo quería intercambiar con ustedes opiniones sobre la ceremonia de canonización de Juan y Juan Pablo…!”, nos soltó S. sentándose apuradísmo en una de las sillas de nuestra mesa mientras se esforzaba en hacer notorio su polo estampado con los dos personajes en cuestión. “Cómo no, S. … inter-cambiemos opiniones: tú opinas sobre los papas, yo cambio a hablar de otra cosa… y así hasta que nos des sueño”, le respondí al ahora catolicísimo S., dando un sorbo a mi chopp. “Ojo: hablas por ti solo, mi estimado”, me dijo Q. “A mí sí me provoca hablar sobre sobre asuntos papales… ¡Luchopp: una porción de papas…!!!”, completó gritando en dirección a la barra. “¡Pero acaso ninguno vio el acto por televisión…!”, preguntó consternado S. “Momentito: yo sí vi el acto por la tele”, se defendió Q. “Ya pues Q. … el ´acto´ que viste en Canal Venus no cuenta”, precisé para aclarar el asunto. “¡Están poseídos… no pienso juntarme más con ustedes!”, replicó horrorizado el recién estrenado aprendiz de beato. “Qué pena… ¿Y tu prima sueca… cuándo llega?”, pregunté a un perdido Q. haciéndole un disimulado guiño con el ojo derecho. “Bueno… bueno… pero perdonar es de cristianos… voy a tener que trabajar mucho con ustedes para compartir las Sagradas Enseñanzas… sobre todo con tu prima sueca Q. … la pobre viene de un país que no practica los valores cristianos… ¿Tendrás alguna foto de ella?”, preguntó el ingenuo de S. Justo cuando el ya mosca Q. se aprestaba a mostrar la foto más avezada de alguna porn star googleada en su iPhone, apareció F. vistiendo una ropa, paradójicamente, “llena de huecos”. “¿Y a ti qué te pasó”, le preguntó intrigadísmo el chismoso de Q. “¿A mí?. Nada. A mi ropa”, respondió F. con certera lógica. “¡Luchopp un chopp…!”, gritó inmediatamente. “¿Por qué estás con tu ropa rota?”, le pregunté yo. “¿Te acaban de cuadrar en la esquina?”, le preguntó Q. “¿Viste por la tele la canonización de Juan y Juan Pablo?”, le preguntó S., repentino beato. “Algo por ahí, S. Lo que vi más bien fue la can-onización”, respondió F. “¿Sigues consumiendo terokal?”, inquirió Q. auscultando estrepitoso las pupilas de F. “No hables huevadas Q. … ¿Tú crees que F. va a cambiar el UHU?”, cuadré al autor de tan “pegajoso” comentario. “Hola mi querido ´Pista limeña´: ¡Puro hueco!”, le dijo Luchopp a F. carcajéándose de su ocurrencia recontra monse para todos menos para él, mientras dejaba el espumoso pedido y se iba. “Toda mi ropa está así por el Dog Chow… salud por el Día del trabajo pues”, brindó F. apáticamente y tratando de restarle importancia a la moda UE-Ko que llevaba encima. “¡Lavaste toda tu ropa con Dog Chow?!!”, preguntó Q. casi saltando de su sitio. “¿Me crees tan burro como para lavar toda mi ropa con Dog Chow?”, se defendió F. “¿Tus polos nomás?”, reorienté la pregunta tratando de ayudar a mi amigo. “Mejor no me ayudes ´amigo´”, me pidió F. con fuego en sus ojos. “´ta madre… mejor les voy a contar porque si no van a estar jode y jode con eso toda la noche”, se rindió de una vez el UEQDo. “Mis papás se han ido de viaje y me dejaron encargado que alimentara a Brother”, continuó. “¿Y tu hermano es chibolito como para que le tengas que dar la comida en la boquita?, interrumpió Q. “Brother es el perro de la casa… un labrador recontra ladilla y que come como eme… me dejaron dos bolsas de Dog Chow para dos semanas pero el concha se las acabó en dos días y yo por flojera no le compraba”, dijo. “¡Puta que  no entiendo ni eme por qué diablos estamos hablando de alimento para perros si lo que te preguntamos fue por tu ropa puro hueco…!!”, interrumpió una vez más, ya desesperado, el chismoso de Q. “¡Es que justo hoy en la mañana lavé mi ropa y la puse a secar en el patio… pero el concha de Brother como estaba que se cagaba de hambre empezó a comerse mi ropa…!. Puta que no tengo otra cosa que ponerme así que caballero, tuve que vestirme con ropa con huecos para poder venir a celebrar el Día del Trabajo”, finalizó F. su tragedia. “Así que por eso dijiste can-onización”, interrogó S. “Claro pues”, respondí por él. “O sea que… ¿No viste la canonización de Juan y Juan Pablo por la tele?”, agregó el mogi-gato (para estar a tono con estos animalismos), de S. “´ta que este ´on viene a celebrar el Día del Trabajo y con su ropa llena de huecos… ¡Por no haber hecho su chamba de alimentar al perro!… ¿Ya ves causa… por no trabajar?”, satanizó el “chamberazo” Q. “Así es pues, mi querido Chamber Man”, dije sin mirar a nadie. “Moraleja de esta historia: El trabajo DOGnifica al hambre”, pontifiqué. Justo en el preciso momento en que, señal divina, llegaba a la mesa la porción de papas. Así SED-a.