¿Dirigentes… o gangsters?

TRAFIFA

Por: Mariano Naranjo Bustios
Periodista Deportivo

No ha sido gratuito que durante años se repitiesen nombres en todas las Federaciones y Confederaciones. Blatter, Werner, Blazer, e incluso Burga, apellidos que hoy por hoy son más recordados por cosas negativas que por positivas. Por corrupción que por gestión, cuando debería ser al revés. Y ojo que esto no empieza ahora, se inició desde hace algunas décadas cuando algunos aprovechados se dieron cuenta del poder que representaba la FIFA


 “La pelota no se mancha”, fue la frase memorable que patentó Diego Armando Maradona el día de su despedida de los campos de fútbol el 10 de noviembre del 2001.
Una frase que en las últimas semanas tomó protagonismo tras el escándalo que envolvió a la FIFA, el cual determinó el arresto de varios presidentes de Federaciones y Confederaciones y la posterior renuncia de Joseph Blatter.
De hecho, hoy, las palabras y las duras críticas del astro argentino hacia la FIFA no dejan de tener razón.
Puede sonar contradictorio, pero el propio Maradona también lo dijo: "El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo”. Lástima que solo se pueda tener la certeza de que la primera parte de su discurso funciona. Sano, no es, ni lo ha sido durante todo este tiempo, contaminado por una serie de personajes que lo arrastraron  a la peor de sus crisis. “La pelota no se mancha”, decía Maradona. Pero “éstos” se “mancharon” y se “robaron la pelota”, recalcó el periodista mexicano de la cadena ESPN, David Faitelson.
No ha sido gratuito que durante años se repitiesen nombres en todas las Federaciones y Confederaciones. Blatter, Werner, Blazer, e incluso Burga, apellidos que hoy por hoy son más recordados por cosas negativas que por positivas. Por corrupción que por gestión, cuando debería ser al revés. Y ojo que esto no empieza ahora, se inició desde hace algunas décadas cuando algunos aprovechados se dieron cuenta del poder que representaba la FIFA.
Razón no le faltaba al Diego y a otros jugadores al decir: “Esos de terno nunca pisaron una cancha de fútbol”. Y está más que claro que una cosa es estar en el verde, y otra contemplarlo desde una tribuna.
Pero es evidente que Blatter ha sido muy inteligente para renunciar después de su elección. Si lo hacía antes hubiese sido presa fácil de la justicia. Hoy tiene tiempo de limpiar algunas cosas y buscar preparar un terreno que, de cierta manera, lo limpie de responsabilidades. Figueredo y Leoz, ambos personajes que deberían estar ya en sus cuarteles de invierno, no pudieron con su ambición y estarían por disfrutar sus últimos días tras las rejas.
Lo cierto es que hoy la reputación de la FIFA está por los suelos. “Lo que pasa con la corrupción no es mi problema", había señalado Pelé. Equivocado está, definitivamente. Sí es un problema. ¿Acaso, le gustaría ver a nuevas generaciones dominadas por un mal de corrupción arreglando partidos o jugando a menos?. No creo que, al considerado por muchos el mejor jugador de fútbol de la historia, le guste.
 "No puedo controlar todo lo que pasa en la FIFA", había dicho Blatter en algún momento. ¿Acaso no sabía lo que pasaba en la CONCAFAF?, ¿Se hizo el loco con los derechos de TV. de la Copa América?
No en vano cuando había algún problema federativo, la FIFA saltaba cual gallito a defender su territorialidad. ¿O no Burga?
Tuvo que ser Estados Unidos quien, con razón o con intención, sacara a la luz estos actos corruptos, devolviendo con ello la vida al fútbol. Cual película norteamericana, el FBI develó secretos que muchos quisieron negar y que hoy no saben cómo tapar.
Platini, Figo y el príncipe jordano Ali bin Al-Hussein pidieron cambios. Maradona lo pide y tiene razón. Y es la hora evidente para ello. Mas también lo es que se debe buscar a la persona idónea para que pueda llevar los hilos del fútbol en forma correcta.
La FIFA necesita volver a nacer y para ello es fundamental que Joseph Blatter se haga a un lado, no en forma temporal, sino de manera definitiva.
Se ha visto que la FIFA es un lugar al que todos quieren llegar porque el poder se recibe en forma fácil y multiplicadora. No solo por auspicios millonarios y arreglados, sino también por venta de derechos televisivos y elecciones de sedes muchas veces dirigidas.
Los que amamos el fútbol sabemos que un partido se gana en el verde, sudando y hasta llorando por un resultado. Es la ley de la victoria o de la derrota.
Como lo dijo el Diego, “la pelota no se mancha”. Ojalá se entienda pronto y no con billetes de por medio.